jueves, 24 de noviembre de 2011

Las cuevas de La Araña

El día 16, miércoles, asistí en el Ateneo de Málaga a una conferencia  sobre la Prehistoria malagueña. El conferenciante era Julián Ramos Fernández, Director de Investigación de los Yacimientos de La Araña. Todo el que haya leído mi novela, El cráneo de la Araña, podrá comprender lo peculiar de mi presencia allí. Evidentemente, me sentí transportado a otra época y a otra situación inventada, por supuesto, pero que siento como si la hubiera vivido de verdad. Muchas ficciones, si las interiorizas bien, llegas a creértelas. La asistencia a esta conferencia era mínima, pero el contenido fue apasionante. No soy ni historiador ni arqueólogo, pero me interesan estos temas sobre todo si forman parte de mi labor narrativa. Para escribir mi novela tuve que leer varios libros sobre la prehistoria, visitar archivos, bibliotecas e incluso estuve en el Colegio de Prácticas nº 1 de Málaga, que se confunde en la historia de la ciudad y físicamente con el mismo Ateneo, la Sociedad de Amigos del País, la Sociedad Malagueña de las Ciencias, etc. En la sala de profesores de dicho colegio me encontré la misma mesa que perteneció a aquella sociedad científica que me inspiró ciertos momentos narrativos. Cuando uno escribe una novela debe tener claro que es ficción, lo mires por donde lo mires, pero puedes utilizar la realidad para conseguir una atmósfera verosímil y para aprovechar de la Historia lo que te conviene. Para mí la narración es un medio para hacer lo que me da la gana, mientras me resulte sugestivo y crea que le puede interesar a alguien. La literatura es un ámbito cargado de libertad para el escritor, no es una ciencia exacta ni una materia técnica, es creatividad.
El conflicto surgió cuando intenté utilizar cierta información de algunos científicos que iban a formar parte activa, como personajes que hablan y se mueven, de mi novela. A estos les suelo cambiar el nombre, para que se puedan tal vez identificar pero no confundir. Los que aparecen en El cráneo de la Araña no son seres reales sino nombres que recogen, a mi gusto e interés, rasgos de personajes reales. Cuando cuento hechos sacados de la Historia,  sí respeto las identidades de esas personas, porque no depende de mí lo que hicieron. Sin embargo, detrás de don Pablo Montero, Diego de Orueta y Bartolomé Macpherson, están las recreaciones del farmacéutico Pablo Prolongo, de Domingo de Orueta, padre e hijo, y del gaditano José Macpherson y Hemas; en fin, se trataba de hacer un homenaje a ese ambiente científico malagueño y casi olvidado del XIX mezclando realidad y ficción. 
Mientras que el otro día escuchaba la defensa que hacía Julián Ramos de la inteligencia de los neandertales, imaginé a otro que paseó por las cuevas de La Araña de mi novela, y me vi sentado en el salón de actos como si fuera su protagonista, el periodista Luis Portillo, cuando asistía a las conferencias de la Sociedad en 1874. Incluso me pareció escuchar una conversación a mis espaldas en francés, entre las sombras. Tal vez la imaginé. Por desgracia, al salir a la plaza de la Constitución, me di de golpe con la realidad: en lugar del Café de la Loba encontré las puertas cerradas de un banco y un grupo también escaso de indignados.

4 comentarios:

  1. Esos paseos entre lo vivido y lo inventado son una recompensa para quienes amasaron ficciones. Disfrútalos.
    Pablo.

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  2. Estimado Jofran: soy Modesto Pelayo, secretario de la Asociación "Yacimientos Arqueológicos de La Araña" y en agradecimiento a tu reseña nos encantaría hacerte una invitación que seguramente será de tu agrado. Sería para nosotros un honor que vinieras a conocer el Centro de Interpretación de las Cuevas de la Araña, donde podrás apreciar las piezas arqueológicas extraídas de los yacimientos así como unos paneles infográficos que recrean, de forma espectacular pero con todo el rigor científico, cómo era el entorno de las cuevas hace 50.000 años.
    Acto seguido, será un placer para el Profesor Ramos hacerte de guía en un recorrido por el interior de las cuevas para que contemples in situ cómo desarrollaban los neandertales su día a día.
    Esperamos que nos concretes y cuando te venga bien llámanos al Centro de Interpretación: 952 620 103 o en el correo electrónico direccion@complejohumo.org

    Recibe un cordial saludo.

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